Yoga Iyengar

Bellur Krischnamachar Sundararaja Iyengar, conocido popularmente como B.K.S. Iyengar es uno de los maestros de yoga más queridos del mundo. Un hombre sencillo a quien se le atribuye la difusión de la práctica y el estudio del yoga en todo el mundo y que destacó por sus incansables esfuerzos y su viaje hacia la conquista del cuerpo, el intelecto y la mente.
A lo largo de más de 80 años de estudio y práctica, desarrolló sus propios métodos y técnicas de asanas y pranayama hasta construir un sistema, que alcanza en él su cumbre y se hace eco en las voces de la mayor parte de los profesores de Yoga del siglo XXI.
Su método de enseñanza se focaliza en la precisión y la alineación del cuerpo en la práctica de asanas como camino hacia la integración entre cuerpo, mente, inteligencia y ego (citta), despertando la percepción y la expansión homogénea de la conciencia.
B.K.S. Iyengar demostró que el camino espiritual está abierto a todos. “Quería vivir como un cabeza de familia normal y corriente, con todas las pruebas y tribulaciones de la vida y llevar su práctica yóguica a las personas que, como él, tenían una vida de trabajo, matrimonio e hijos.” Fiel a este deseo, en 1943 se casó con Ramamani, de esta unión nacieron sus seis hijos: Geeta, Vanita, Prashant, Sunita, Suchita y Savita.
En 1975, inauguró el Ramamani Iyengar Memorial Yoga Institute (R.I.M.Y.I.) en Pune, India, llamado así en honor a su fallecida esposa. Practicantes de todo el mundo visitan diariamente el Instituto para perfeccionar su sadhana junto a la familia Iyengar. En la actualidad, la dirección del instituto de Yoga Iyengar está a cargo de su hijo Prashant y su nieta Abhijata.
B.K.S. Iyengar fue conocido por muchos como una leyenda viva. Fue un maestro de yoga con un estilo muy particular, de profunda experiencia en la práctica y estudio del arte, ciencia y filosofía del yoga. Reconocido en su país a través del premio civil, más importante, el Padma Vibhusan e internacionalmente por la revista People como una de las 100 personas de mayor influencia en el mundo
Guruji dejó su cuerpo físico el 20 de agosto de 2014, a la edad de 96 años. Gracias a su dedicación, compromiso y generosidad en la transmisión de sus experiencias es que millones de personas en el mundo entero pueden, hoy, experimentar los beneficios de la práctica del Yoga.

Infancia y juventud
Nació débil y enfermizo en un pueblo al sur de la India, en el estado de Karnataka. Su familia era pobre, pero de tradición brahmánica y con un árbol genealógico que se remonta hasta el año 1400 de nuestra era. Su padre Sri Krishnamachar, era maestro de escuela en la vecina aldea de Narsapur y Sundararaja. En su lecho de muerte, tuvo palabras de esperanza para él: «Hube de luchar mucho durante mi juventud y tú también, hijo mío, tendrás que hacerlo, pero al final lograrás la felicidad en tu vida». Tal profecía, tardaría aún mucho en hacerse realidad.
A los 13 años enfermó de malaria y poco después se infectó de tifus en una época en que los antibióticos no existían. Los doctores dijeron que no sobreviviría más de 2 o 3 años, al no existir aún tratamiento disponible.
Primeros pasos en el yoga
En 1934, durante una visita a su hermana, su cuñado Sri Krishnamacharya que tenía una escuela de Yoga, sugirió que el joven Sundararaja debería quedarse en Mysore y empezar a practicar asanas para salir de aquel infierno de males y mejorar su salud. Al principio, le dedicó varios días. Sin embargo, debido a la rigidez del joven, Krishnamacharya le abandonó a su suerte. Aunque de buen corazón, Krishnamacarya tenía muy mal genio. Día a día, el miedo se fue apoderando del joven Sundararaja, que se sentía asustado en su presencia.
Guruji recibió de su Guru únicamente seriedad, disciplina y capacidad para trabajar sin descanso. Durante los dos años que pasó en Mysore, Krishnamacharya apenas le alentó a practicar y no le explicó los principios y las sutilezas del Yoga. En todo ese tiempo, no dedicó más que 40 días a enseñarle y no le explicó cómo evitar o aliviar el terrible dolor que sufría. Pero Krishnamacharya plantó la semilla del Yoga en su interior, que habría de crecer hasta hacerse un gigantesco árbol. Por ello Guruji lo considera su Gurú.
Fue en 1936 cuando Krishnamacharya delegó en él, que por aquel entonces tenía 18 años, para ir a Puna a impartir clases de Yoga. Desde un principio fue un innovador. Enseñó a mujeres en una época en que el hinduismo ortodoxo no aprobaba el acercamiento entre hombres y mujeres; enseñó a personas de diferente fe, islámicos, cuando los hindúes y los musulmanes no se mezclaban; impartió clases de yoga a grupos de alumnos, en escuelas y colegios, cuando los yoguis reputados de la época decían que sólo debía enseñarse de forma individual y que su enseñanza iba contra los principios del Yoga.
Su práctica era su alimento, ya que apenas podía permitirse una taza de té al día y a veces una rebanada de pan seco. Practicaba diez horas diarias para comprender las técnicas de cada asana y los efectos que producían. Cometía muchos errores y sufría las consecuencias; pero iba obteniendo un conocimiento profundo de la filosofía del Yoga por medio del asana. Al experimentar intensos dolores físicos y mentales, iba descubriendo cómo trabajar de un modo más correcto y preciso. Su infatigable aplicación a la práctica fue convirtiéndole en un practicante inteligente y en un profesor concienzudo. Su intensa dedicación le aportó entre otras destrezas, un conocimiento intuitivo del funcionamiento interno del cuerpo y de la mente, en línea con la tradición yóguica.


Su legado también revela un conocimiento detallado de los sutiles y complejos procesos mentales y de la psicología humana, lo que le permitió ayudar a las personas con enfermedades utilizando como tratamiento el Yoga. El número de sus alumnos iba incrementándose, pero en aquellos años era imposible vivir de la enseñanza del Yoga. Sus ingresos eran insuficientes y vivía en precariedad, sin saber a menudo si tendría para pagar su siguiente comida.
Su encuentro en 1952 con el maestro de violín Yehudi Menuhin fue decisivo para dar a conocer el Yoga Iyengar al mundo entero. Este le abrió las puertas de Occidente y dio inició a su carrera internacional, que habría de llevarle a ser considerado el exponente más destacado del Yoga contemporáneo.
Sus enseñanzas fueron publicadas por primera vez en 1966, en el libro “Luz Sobre El Yoga” que ha sido traducido a dieciocho idiomas. Yehudi Menuhin, escribió el prólogo de este libro.
En 1988, con la publicación de “El Árbol del Yoga”, Guruji da un paso definitivo en la clarificación de una «filosofía del Yoga Iyengar», que integra el Yoga clásico ilustrando y explicando las implicaciones de su práctica de asana, utilizando como marco conceptual el Ashtanga Yoga de Patañjali.
“Muchos de ustedes pueden argumentar que practicar asanas es una disciplina física, pero si se expresan de ese modo sin conocer la profundidad del asana, es que ya han perdido la esencia del Yoga” (BKS Iyengar, El Árbol del Yoga, pag 67).
LA VISIÓN DEL YOGA SEGÚN IYENGAR: EL MÉTODO
El método Iyengar basa sus enseñanzas en los yogasutras de Patañjali (s.V a II a C), compuesto por 196 aforismos que guían al practicante en el camino del yoga.
Tanto las posturas (āsanas), como la regulación consciente de la respiración (pranayama) y la absorción de los sentidos hacia el interior (pratyahara), se practicarán siguiendo principios éticos universales (yama) y una disciplina individual (niyama), guiarán a la mente hacia un estado de concentración (dharana), meditación (dhyana) y hacia un nivel de conciencia superior (samadhi).

El Yoga Iyengar se caracteriza por:
La precisión y alineación durante la ejecución de las posturas, y la conciencia del cuerpo. A través de este trabajo tan preciso sobre el cuerpo, la respiración se alinea con la misma precisión y equilibrio; generando que tanto la mente, emociones y sentidos se encuentren inmersos en la práctica.
La secuenciación de asanas y los tiempos de mantenimiento en las mismas, de esta manera obtener el máximo beneficio. Se trabaja en una progresión segura y apta según la capacidad del alumno, para obtener la habilidad y destreza necesarias para experimentar la comprensión del asana y sus beneficios.
El uso de props (elementos y soportes diseñados por B.K.S. Iyengar como cojines, cintos, mantas y un sin fin de elementos de madera) permitirán que el practicante logre conseguir el mayor beneficio en cada postura e igualmente en personas con dificultades y limitaciones específicas.
• El yoga Iyengar puede ser practicado por todos, y su forma de adaptación será ajustable según la necesidad individual de cada practicante dentro de la clase.
EL SABIO PATAÑJALI
Inclinémonos ante Patañjali, el más noble de los sabios, que nos dio el yoga para serenar la mente, la gramática para clarificar el habla, y la medicina para mantener el cuerpo sano.

Postrémonos ante Patañjali, encarnación de Adisesa, coronado por una cobra de mil cabezas, cuyo cuerpo superior tiene forma humana, que con un brazo sostiene la concha (sankha), con otro, un disco (cakra), con un tercero, la espada de la sabiduría (ASI) y con el cuarto brazo bendice el a los sadhaka del yoga. Patañjali, fue un sabio y pensador de la antigua India, históricamente debe haber vivido entre – 500 y -200 A.C., sin embargo, gran parte de lo que sabemos sobre el maestro del yoga proviene de leyendas. Patañjali, palabra compuesta, Pata significa «caer o caído» y Añjali, es una ofrenda (manos juntas en forma de oración). Realizó y desarrolló su obra en temas que abarcan desde la gramática, una obra clásica para el cultivo del lenguaje correcto, un texto sobre ayurveda (ciencia de la vida y la salud). Su obra final sobre el yoga, que iba dirigida hacia la evolución mental y espiritual del ser humano.
Los yoga sutras de Patañjali, no fueron escritos ni para el debate ni para la especulación intelectual, fueron escritos para explicar el proceso y los métodos prácticos para elevar el nivel de la conciencia, obtener sabiduría interior, explorar el potencial de la mente y eventualmente ir más allá de ésta. El texto está enfocado primordialmente hacia la práctica. Muchos de los sutras dicen cosas que están más allá del rango de la experiencia y comprensión mundana normal. No están hechos para lograr su comprensión intelectual, sino para que el «sadhaka» (practicante), que practique el yoga de Patañjali obtenga de manera progresiva entendimiento y lucidez sobre los aspectos más profundos de su ser. Gradualmente, a través de su propia experiencia, comprenderá los crípticos versos de Patañjali.
La riqueza de una nación reside en su salud. La nación prospera cuando hay en ella salud física, moral, mental y espiritual. Esa salud global se puede desarrollar inmejorablemente con la ciencia del yoga, que cultiva el cuerpo, la mente, la inteligencia y el alma. No hay nación más importante que nuestro propio cuerpo y nuestro Sí-mismo interior. Con el yoga, podemos lograr una vida mejor y más feliz (Revista Cuerpo Mente. Abril 1996).
Patañjali estableció la práctica del Yoga para trascender el sufrimiento y liberarse de las ataduras del mundo. Este es el camino que Guruji ha recorrido desde su experiencia, para infundir luz a su vida, para alcanzar el cielo habiendo partido desde el infierno. Un camino que, a través de uno de sus aspectos, el asana, le ha llevado a alcanzar la cumbre del Yoga.
